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Abrir los ojos como consigna implica reconocer que la mayor parte del tiempo que miramos solo podemos apreciar lo que se ve en la superficie; y siendo que la superficie es apenas la primera de muchas capas de eso que llamamos realidad, abrir los ojos es aceptar que en general vemos a las apuradas, casi como si tuviéramos cerrados los ojos. Así es como nacen prejuicios, posturas impulsivas y muchas certezas frágiles que vamos a tener que cuestionar si en verdad queremos abrir los ojos.

Verdades de la posverdad

Se dice que vivimos en una era del conocimiento, donde la información abunda, sobra; y para colmo es tan fácil acceder, como modificar y hasta producir datos.

Cada pregunta que nos hacemos genera automáticamente miles de respuestas instantáneas, lista para que podamos elegir y sin demasiado esfuerzo, retransmitir en forma de posteos, videos, historias, comentarios.

A veces siquiera necesitamos pensar en algo, porque alguien más nos re-envió un mensaje que nos parece atractivo “robar” en un compartido, en un re-envío, en un re-posteo, en un re-tweet.

El Problema Informativo

Ahora que quedó “Solucionado” el problema de la escasez informativa, que ya no necesitamos dedicar tanto tiempo a hojear un diccionario ni verificar en qué volumen de la enciclopedia quedan las cosas, nos enfrentamos al problema de cómo distinguir la mejor calidad de información entre entre una infinidad de opciones.

Para colmo, internet no fue lo único que cambió en estos últimos 40 años. También cambió cuanto importa la participación ciudadana, el ejercicio de derechos humanos, el acceso a políticas públicas y el cuidado del ambiente… pero a pesar de importar, todo comenzó a ser cuestionado, y lejos de resolverse, se instalaron cada vez más debates, cada vez más polarizados, entre posiciones extremas que reducen todo a estar a favor o en contra.

Antes podíamos tener razón, o equivocarnos, pero en el tras la pandemia todo parece tener tribunas. La superabundancia informativa y la permanente  relativización/polarización contribuyeron enormemente a la consolidación de lo que conocemos como posverdad.

Mentira la Posverdad

Mientras siempre hubo gente que trabaja para transformar la realidad, hoy como nunca hay personas dedicadas a transformar lo que percibimos como realidad, dejando el resto intacto.

Asesores de campaña, hackers de tendencias, especialistas en manipular hechos objetivos con el fin de cambiar la opinión pública e influir en las actitudes de segmentos específicos de la sociedad.

La verdad no importa, solo importa que se se imponga la consigna y que un número elevado de personas se identifique con ella.

Mientras el tiempo vuela

La velocidad actual nos obligó a tomar decisiones sobre la marcha,cada vez más rápido, sin evaluar apropiadamente qué podría salir mal.

“Nunca lo vimos venir”, “Quién lo hubiese imaginado”, “Si hubiera sabido” y muchas otras se volvieron frases más comunes que hablan de nuestro propio nivel auto-impuesto de incertidumbre.

A su vez, en medio de la postverdad, nos habituamos a la desconfianza y la impotencia frente a injusticias ajenas, incluso dudando de aquellas donde fuimos víctimas.

Somos la sociedad de la ansiedad, del individualismo, de las negligencias, las broncas y los tribalismos. En ella vivimos como individuos aislados, con muy poco tiempo para dedicar a nuestras vidas y afectos, siempre debiendo prestar atención al trabajo y las obligaciones.

Sentimos que se hizo tarde, que se agotó todo. No hay fórmulas, no existen garantías. El mundo está plagado de problemas sin remedio,

“¿Qué le vas a hacer?”

El punto de inflexión

Era imposible parar las cosas cuando en marzo de 2020 lo imposible cambió.

La pandemia no pidió permiso, y de un día para el otro el virus paralizó la actividad global.

Podemos entonces hoy,  desde la distancia, re-evaluar nuestra conducta, mirarnos al espejo y ahora -con los ojos abiertos – someter a análisis toda verdad “a las apuradas”, toda realidad antes llamada irremediable.

Tomar hoy decisiones que reduzcan consecuencias negativas mañana; y sobretodo, que nos enseñen en el camino nuevas formas de superar obstáculos, de aprender, de compartir y de convivir.